El romanticismo, el ‘postureo’ y la cruda realidad

Estamos asistiendo a la retirada de nuestros mitos, a el “adiós” a los caballeros de club, a los últimos actos de amor y al fin de una era. Los Albelda, Totti, Gerrard, Lampard y compañía cuelgan las botas cerrando, por desgracia, un ciclo. La fidelidad empieza a brillar por su ausencia, pocos resquicios de fútbol romántico sobreviven en la actualidad, el dinero se lo ha comido, el fútbol moderno está ganando.

La figura del one club men ya casi se considera extinta y solo en conjuntos de gran potencial económico se pueden ver, los FC Barcelona o Real Madrid son los únicos que pueden mantener a sus estrellas durante toda su carrera. Pero dejando de lado este perfil, cada vez son menos los jugadores que vuelven a sus modestos equipos como último acto de servicio y de agradecimiento por la oportunidad que un día les brindaron. Cada vez es más pequeña la cifra de jugadores que imitan a Kuyt o Agger, que volvieron a Feyenoord y Brøndby, la mayoría optan por acabar sus carreras en Qatar, China o Estados Unidos, llenando sus bolsillos y haciendo caso omiso a su corazón.
Este tipo de futbolistas se está viendo sustituido por los Donarumma o Paco Alcácer (sobre el que profesé en su momento una gran admiración y en quién tenía puestas mis esperanzas de encontrar un hombre de club en el mundo del dinero). Jugadores que han tenido la oportunidad de triunfar en el club de su ciudad, aquel que les ha dado todo y al que constantemente declaraban su eterno amor, pero que con la llegada de los cantos de sirena del nuevo fútbol, han acabado vendiéndose. Muchas son las entrevistas en las que contaban como iban de pequeños al estadio y pocas eran las oportunidades que necesitaban para besarse o señalarse el escudo. Pero con semejantes desenlaces, estos gestos, que puede que en su momento fuesen sinceros, les retratan como traidores y les convierten en la viva imagen del fútbol negocio.

Aunque las líneas anteriores parezcan señalar a los futbolistas como culpables de la situación que atraviesa el deporte rey, mi reflexión va por otros derroteros, ya que no les considero los principales responsables de esto. La pelota ha dejado de ser el mayor foco de atención, en los principales rotativos e informativos deportivos encontramos que se habla de millones como de melones. Nuestra pasión ha caído en manos de avaros representantes, fondos de inversión y tiranos propietarios. Desde los cómplices medios de comunicación masivos se habla de indecentes e inmorales sumas de dinero por niños que aún no han roto el cascarón, 200 millones por Mbappé o 140 por Dembélé, jóvenes altamente maleables para moverse al son de la comisión, del interés y del negocio.
Y es aquí dónde llega mi gran pregunta ¿cómo vamos a preservar la tan laureada figura de hombre de club, si son estas instituciones las que incentivan tal negocio? Estos “mercenarios” como son bautizados por sus hinchadas, no son más que el producto de la nueva tendencia, del mal asesoramiento y de su propia deshumanización que les rebaja a meras fichas en el tablero de los ‘peces gordos’ que lo mueven todo ¿cómo reforzamos la idea del jugador fiel a unos colores si sus clubes les utilizan como simple moneda, como un elemento de negocio o un activo que poner en el mercado? A día de hoy es imposible que un jugador sea fiel a unos colores cuando solo los aficionados preservan el sentido de la fidelidad, al contrario que los equipos y representantes, que no diferencian entre un jugador y una acción del mercado bursátil.
En síntesis, la cruda realidad es que el fútbol ha cambiado, todo este circo mediático ha marginado al romanticismo más puro, a la esencia de los Zarra o los Puchades (que rechazó numerosas ofertas del Barça que triplicaban su salario), de las gestas de los Steaua de Bucarest, Feyenoord o Celtic de Glasgow (que ganó la final de la Copa de Europa con un once en el que todos sus jugadores habían nacido a menos de 50 kilómetros del Estadio) y ha sido substituido por falsas muestras de este, prematuros besos a un escudo que se acabará traicionando y que son más propios de lo que actualmente conocemos como ‘postureo’ que de acciones de amor verdadero.
Fotos: Webs de los clubes
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