Rodrigo Moreno y los valores | En boca de gol

El negocio del fútbol parece cada día más alejado de la gente. La burbuja en la que se ha sumido el balompié moderno ha reducido la cercanía entre el futbolista y los aficionados. Sueldos desmedidos y traspasos estratosféricos parecen haber convertido la figura del futbolista en una mera pieza de coleccionista dentro del lucrativo elenco de clubes de fútbol cada vez más parecidos a empresas al uso, cuya prioridad es la maximización del beneficio económico.

Esta situación ha conducido, en muchos casos, al aumento del ego de gran cantidad de futbolistas y a su consiguiente deshumanización en sentido figurado. Su imagen se ha convertido en un activo puramente marketiniano y cada vez más, brillan por su ausencia los jugadores cargados de valores, o más bien, los que deciden emplear sin complejos el megáfono mediático que supone un terreno de juego para mostrar su lado más sensible. Dicho efecto se ve traducido, por ejemplo, en las celebraciones de los goles, buscando satisfacer fines publicitarios o construir una imagen más atractiva.

No es este el caso -y nunca lo ha sido- de Rodrigo Moreno. El delantero hispano-brasileño del Valencia C.F. tuvo un gesto de una muy elevada calidad humana en el choque que enfrentó el pasado domingo a su equipo y el FC Barcelona en el Estadio de Mestalla. El ariete festejó el tanto poniéndose una peluca naranja en memoria del expresidente del club, Jaume Ortí, tristemente fallecido hace escasos días. Su particular homenaje estaba premeditado, tal y como reconoció en zona mixta. El propio futbolista se encargó de comprar la peluca nada más salir del velatorio del ilustre presidente, quería dedicarle el gol a una persona tan querida por todos y tan importante en la historia del valencianismo.

Tras varias temporadas cuestionado por su rendimiento, el delantero está imparable, marcando goles y dando soluciones al equipo. No es fruto de la casualidad y su sacrificio, compromiso y compañerismo, se han visto al fin recompensados con el empuje de Mestalla y los resultados obtenidos. Todos estos valores, unidos al más importante, al humano, convierten al bueno de Rodrigo en un crack a todos los niveles y en una especie en peligro de extinción.

Mi primera columna es un gran aplauso a un chico que priorizó el calado sentimental a la creciente dictadura del glamour para homenajear a un gran hombre que desde la humildad y la cercanía se ganó el merecido título de “presidente del pueblo”.

Pau Pardo Dueñas

Director, Bajo Zero Fútbol

Rodrigo Moreno con la mítica peluca de Jaume Ortí – El País

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