Serendipia | La columna de Resaca

Foto: Arsenal.com

¿Recordáis cuando en el mes de enero los fichajes que se producían eran meros parches? Es más, la inmensa mayoría de ellos eran cesiones, pero cesiones de verdad, no estos malabares financieros de los que se jactan los clubes para eludir el Fair Play Financiero. Tiempos en los que se se incorporaba lo justo y necesario para suplir la baja de un jugador lesionado para un considerable periodo de tiempo, un puesto que no había dado tiempo a cubrir en el mercado de verano o meras salidas forzosas de jugadores que no contaban para sus entrenadores y querían foguearse en otros lares. Parece que esa era ha llegado a su fin. Casi con total seguridad, como consecuencia de las tremendas cantidades de dinero que mueven los trasatlánticos europeos del balompié, este mes de enero hemos podido ver como se llevaban a cabo transacciones de una magnitud escalofriante, sin ningún tipo de miramiento y que incluso si se hubieran efectuado en el mes de agosto el asombro sería el mismo. Desde el ‘bombazo’ de Philippe Coutinho, hasta el efecto dominó que ha provocado el fichaje de Aymeric Laporte por el Manchester City, cuyo perjudicado, sorprendentemente, después de todo, ha sido la Roma, que ha sido quien ha visto mermada su defensa después de que el Athletic recurriera a Íñigo Martínez para cubrir la baja del francés y la Real Sociedad hiciera lo propio ‘birlando’ uno de los fichajes veraniegos de Monchi. Aunque si hablamos de efecto dominó, tenemos que mirar obligatoriamente hacia el norte de Londres.

Sin duda, al que mejor le han sentado los treinta días del mes de enero es al Arsenal. Ya desde recién comenzada la temporada saltaban las alarmas en la casa gunner porque sus dos jugadores más diferenciales terminaban contrato en cuanto acabara la temporada 2017/2018 y ninguno de los dos parecía tener ninguna intención de renovar. Estos dos hombres, como todas y todos sabéis, son Alexis Sánchez y Mesut Özil. Sin embargo, el bueno de Arsène, sin saber cómo, se vio envuelto en un giro de guion que perfectamente pudo ir firmado por M. Night Shyamalan. El atacante chileno llevaba ya un par de mercados pidiendo a gritos salir del Emirates y cuando más cerca estuvo de conseguirlo fue el pasado agosto, pero una complicación en la negociación con el Mónaco por Thomas Lemar le cerró la puerta de salida. La cuenta atrás de esa bomba de relojería estaba a punto de estallar, tanto en lo económico como en lo deportivo. En lo económico porque su precio cada vez se estaba devaluando más, hasta el punto de que Pep Guardiola, su principal pretendiente, prácticamente había tomado la decisión de arriesgarse a esperar a verano para firmarlo como agente libre ante las altas pretensiones de los londinenses por un jugador del que, a falta de sentencia, ya se habían divorciado. El plano deportivo era el que más preocupaba a ‘Le Professeur’. A pesar de haber logrado su mejor registro anotador la temporada pasada (24) y seguir contribuyendo con goles en la presente, la apatía de Alexis hacia el paradigma gunner era más que palpable. Abusando de individualismos y con un carácter que en la jerga futbolera vulgar se tacha de “sobrado”, ha perjudicado directamente a compañeros (principalmente a Alexandre Lacazette, que ve claramente mermado su registro goleador) y, sobre todo, ha provocado la animadversión de una grada que tiene bien claro que ni el mismísimo Thierry Henry está por encima del cañón que lucen en el pecho.

Así pues, cuando todas las partes habían asumido que el chileno tendría que pasar seis meses más paseando a sus perros por Hyde Park para terminar marchándose gratis una vez terminada la temporada, a casi 200 millas de allí, a un portugués llamado José se le encendió una bombilla como si de un dibujo animado se tratara. A pesar de haber empezado la temporada como un tiro, la química de Henrikh Mkhitaryan con Mourinho se ha antojado nula desde el primer día y su participación se ha ido diluyendo semana a semana. ‘The Special One’ vio su oportunidad. En esta línea, lo más probable es que el armenio fuera puesto en venta más pronto que tarde y su valor de mercado se mermaría notablemente, así que decidió sentarse en una mesa con algún emisario del Arsenal (ya sabéis que con Wenger no se puede ni ver) y la reunión llegó a buen puerto con sorprendente celeridad. El resultado de la misma fue trending topic mundial: Alexis Sánchez jugaría en Old Trafford y Henrikh Mkhitaryan en el Emirates Stadium. Automática e inevitablemente, todos los que seguimos mínimamente este deporte nos hicimos la misma pregunta: “¿Quién sale ganando? ¿Londinenses o mancunianos?”

Foto: Arsenal.com

Partiendo de la base de que servidor piensa que ambos salen beneficiados de esta operación, la pregunta debería ser “quién gana más” o “qué gana cada uno”. En una época en la que cada vez es másfrecuente ver cómo se pagan cientos de millones por futbolistas, ambos clubes han conseguido deshacerse de jugadores que tenían las horas contadas e incorporado a otro en su lugar, que a priori encaja mejor en las pretensiones de cada uno y, lo más importante, a coste cero. Además del impacto mediático y social que supone haber fichado un jugador que todos consideraban ya futuro jugador del Manchester City, bendito problema el que se le presenta a Mou para colocar a Alexis Sánchez en el once de los Red Devils. Ahora que Marcus Rashford, Jesse Lingard y, sobre todo, Anthony Martial están rozando su mejor nivel en la línea de tres cuartos por detrás de una bestia como es Romelu Lukaku y por delante de un Paul Pogba que está firmando una campaña sobresaliente, la cuestión es cómo encajar todas las piezas para que se potencien entre sí. De momento, ha sido titular en los tres partidos que ha disputado el Manchester desde su llegada, en los tres partiendo desde banda izquierda. En el primero de ellos, en el tridente junto a Mata y Rashford en Yeovil, donde asistió a Ander Herrera; en el la derrota en Wembley ante los Spurs acompañó a Lingard y Martial por detrás de Lukaku y el pasado fin de semana anotó el rechace de un penalti ante el recién ascendido Huddersfield.

En el otro bando de la operación el ruido mediático ha sido notablemente inferior, tal vez por el propio perfil de los jugadores. Nada que ver la espectacularidad de Alexis con el oficio de Henrikh, qué es mejor o peor ya depende de gustos. Mkhitaryan posee cualidades que, al menos en la teoría, deberían beneficiar más al Arsenal de lo que lo hacía el chileno. Ya sea en el carril interior en el 1-3-5-2-1, como por fuera en los 1-4-2-3-1 y 1-4-3-3, la omnipresencia del armenio es gloria para que Héctor Bellerín recupere su mejor nivel, Özil y Ramsey tengan mayor libertad de movimientos y los delanteros se nutran de un asistente nato (32 en su última campaña en Dortmund) en lugar de un finalizador como era Alexis. Pero no contento con esto, al Arsenal todavía le quedaba mercado por delante y el fichaje de Mkhitaryan aún no había desplegado todos sus efectos.

El interés de Arsène Wenger en Pierre-Emerick Aubameyang no era algo nuevo, la predisposición del gabonés por abandonar Dortmund sí. Y por si fuera poco, tendría la posibilidad de reencontrarse con un armenio con el que probablemente compartió sus mejores días con la camiseta negroamarilla, lo que le hizo decantarse definitivamente y volar a Londres para cerrar un traspaso que acabó provocando la salida de Olivier Giroud al Chelsea y de Michy Batshuayi al Borussia.

Foto: Arsenal.com

Así pues, el abanico que de posibilidades que se le abre a Wenger es inmenso y todas y cada una de ellas tremendamente convincentes. El pasado fin de semana, la pareja que hizo la friolera cifra de 62 goles en la temporada 2015/2016 en el Westfalenstadion debutó como titular ante el Everton en un 1-4-2-3-1 en el que Aubameyang fue la referencia, Mkhitaryan arrancó desde la banda acompañado por Mesut Özil y Alex Iwobi y en el que la estrella fue Aaron Ramsey, que anotó un hat-trick, haciendo temblar a todas las celebridades del globo terráqueo. El partido terminó 5-1, el gabonés metió su primer gol con la camiseta gunner y el armenio dio tres asistencias.

Serendipia es, además de una comedia romántica digna de un domingo a la hora de la siesta, “un hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”. Serendipia es que hace un par de meses, los atisbos de esperanza de la afición gunner pasaban por tratar de llegar lo más lejos posible en Europa League y revalidar la FA Cup y hoy, por las carambolas de un mercado loco, pueden volver a ver vestir su camiseta a una delantera de primer nivel mundial y tienen barra libre para soñar con ganar la competición europea y volver a estar en el top four de la Premier League, porque además, contagiado de todo esto, Mesut Özil ha prolongado su contrato hasta 2021.

Otro triunfo de la administración Wenger.

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